Bajo el sol keniano

 

Madrugada en una granja de cuatros acres en Thika, a 40 km del noreste de Nairobi, Kenia. Charity, agricultora, camina con orgullo entre sus celebrados árboles de aguacate, apretando con delicadeza los redondos frutos mimados por el sol, comprobando su madurez. Hace la ronda por su huerto de 4 acres, gracias al cual es capaz de abastecer a su familia casi por completo durante todo el año. Algunas gallinas aportan todo el fertilizante necesario para que pueda cultivar café, maíz, plátanos, mangos, pimienta cayena y especias, además de nueces de Macadamia y abundantes aguacates.

 

Charity ya está en sus 80,pero ha trabajado en esta granja junto a su familia durante más de 40 años. La clave de su éxito reside en los 23 árboles de aguacate que plantó, hace 30 años, junto a su marido. Ahora, se yerguen altos y abundantes, resplandecientes por su dieta habitual de luz solar, tallos sobrantes de maíz y abono de los animales que viven en la granja. Producen entre 250 y 400kg de variedades Hass y Fuerte cada año. Esto sin contar su más preciado árbol, que un año llegó a darle 480kg. Charity es una de los alrededor de 100 agricultores locales que suministran a nuestro procesador de comercio justo aguacates firmes, maduros y orgánicos a un precio justo y congruente de los que se sacará un aceite rico y exquisito.

 

Cuando los aguacates están maduros, se recogen a mano siempre que es posible y se recortan los tallos sobrantes para mantener mejor su frescura. Los frutos más altos se recogen usando una vara de madera que tiene un gancho afilado en uno de sus extremos. Se trasladan lo antes posible a la planta de procesado para convertirlos en un aceite suave y dorado que usamos después en nuestros cosméticos.

 

En la instalación de procesamiento se esparcen los frutos en mesas de metal, se cortan por la mitad y se retira a mano tanto la piel como el hueso. Después, una máquina los despedaza rápidamente en pequeños cachitos antes de que la fruta se oxide. Estos pedacitos se secan con suavidad en una segunda máquina para conservarlos sin que pierdan su contenido nutricional. Si la carne se prensase en frío, como se hace con muchos aceites vegetales, el producto final sería verde intenso y no se podría usar en cosmética porque fermentaría demasiado rápido. Lo que se hace es mandarlo a otra fábrica donde un potente centrifugado gira esta masa verde a una fuerza tan grande que las distintas densidades se separan y el aceite dorado puede retirarse. Éste es el producto ideal para usar en nuestros cosméticos.